Me da risa la gente como yo, que carga paragüas para no usarlo cuando llueve. Que teje versos y poemas mientras duerme, en el aire y constantemente. Me divierte la gente como yo, que observándose no logra ser en sí misma más que un trozo de papel bailando... Que siente los besos como si se originara de nuevo el mundo; mundo a secas. Me río de la gente como yo, que enaltece las vilezas y hasta la más mínima sandez humana.
Ríome de mis desperfectos que hacen mi sombra perfecta, esa que pesa, que arrastro contigüamente por las noches y en el sueño mismo, haciendo paráfrasis de la que dejé tirada ayer, recostada en la alfombra del delirio, titubeante en el lecho de la calma que no quiere... porque pesa más tener consigo el alma vacía y llena a su vez del sigiloso paso de la razón, ese que acaso cruza el puente absurdo de la locura.
Me da risa la gente como yo, que ya no sabe hablar porque ya no hay palabras que pueda entonar para los demás. Que se pierde en el sexo mismo, para ser hombre, para ser mujer, para volverse así una especie de animal errante en lo tosco de la naturaleza.

